Bolaños de piedra

Las balas de piedra se utilizan desde la balística más primitiva (catapultas, balistas, fustíbalos), que aprovechaban la energía mecánica acumulada por tensión para el lanzamiento de los proyectiles. No obstante, su normalización y utilización se perfecciona durante la baja Edad Media. Las tenemos atestiguadas en el cerco de Algeciras, a mediados del s. XIV. Entre los ss. XIV y XV se usan en tiro con lombardas o «morteros pedreros», aunque progresivamente se irían imponiendo las balas metálicas, que sustituyen a los bolaños en el s. XVI. Los bolaños eran de sencilla producción, aunque menos eficientes en el tiro y el impacto. El alcance máximo de un lombarda entre los ss. XIV y XV se situaba entre los 1300 y 2000 metros. Este ejemplo representaba un calibre de 360 mm, pero llegaron a fabricarse bolaños de 580 mm.

Encontradas en el Castillo de Alcalá de Guadaíra. Donación de Francisco García Rivero.